ARTESANÍA

Volumen 6

La novena parte de nuestro acercamiento enciclopédico se dedica exclusivamente a trabajar la premisa, radical y arriesgada, de que el arte japonés es pura forma, continente igual a contenido. Primero, desde la cerámica y el lacado, que Javier Vives y Antonio Clemente analizan en sendas aportaciones como tradiciones basadas de raíz en una fabricación tan improbable como finalmente cercana a lo humano, casi íntima al contacto. La textura y porte de un elegante kimono y el carácter único de una sencilla carta, o grulla de papel, serán los siguientes objetos de nuestro análisis, en este caso bajo la minuciosa mirada de Noni Lazaga. Siguiendo con el trabajo sobre el papel, aprenderemos más sobre las bases del origami y del kakemono (los rollos colgados) gracias a Luis Fernando Giménez-Marco y a Kumiko Fujimura, respectivamente. El arte de la guerra también era pura forma, gesto operístico en sus galas e instrumentación, que Marcos Sala desmenuzará a través del estudio de la fabricación de sables, armaduras (yoroi) y todas aquellas armas de la nobleza que pasan habitualmente desapercibidas ante la mirada estereotipada del visitante occidental. Dos últimos centros gravitacionales para nuestro homenaje sensorial del enser nipón: por un lado, los instrumentos musicales tradicionales más variopintos (los expone la mirada magistral de Eduard Terrades), que tienen aquí el taiko como portavoz privilegiado (lo estudiamos en el texto de Mieko Ono). Por otra parte, cuatro apuntes sobre el desconocido mundo del arte de la talla en miniatura o netsuke, por Antonio Clemente, y una reflexión de Mercè Torra alrededor de los cambios y pervivencias que ha habido bajo el concepto de juego y juguete en la historia y cosmología japonesas.
Deseamos que, con la ayuda de estas manos expertas, Japón nos quede un poco menos lejano.

En este país apacible un hombre puede agacharse y escribir su nombre en el polvo mismo con la seguridad de que, si su escritura está trazada con habilidad, los hijos de sus hijos la dejarán perdurar reverentemente.

Rudyard Kipling